Prologo de un poeta que ya murió sin ver la muerte

Mi poesía es un grito en la oído del hereje que es ciego, el anuncio de la muerte que vive para irse conmigo a un baile de versos y estrofas que nacen de mi mano que me lleva de vuelta a al vida para perturbar con lo que sale de mi boca, de mis poros, de mi lengua anticuaria difuminada por el tiempo, por mis dedos grises de mis manso mas grises todavía

domingo, 4 de octubre de 2009

Noche de jerga de 31


Aquella noche las estrellas se cubrieron con su manto de nubarrones para no alumbrar el cielo nocturno de octubre cuando era 31. Su madre la luna llena brillaba para protegerlas de lo que seguía de esa larga noche.

Los muertos despertaban de sus tumbas a celebrar la larga noche de Halloween, se saludaban sonrientes con los pocos dientes que les quedaban aunque se les saliera una mano o el brazo entero. La muerte de traje elegante se ponía a bailar Tap, Twist, lo que sea para divertirse en una noche excepcional que nadie podría arruinar, bebiendo de su copa de champaña más fino hasta emborracharse. La fiesta empezaba, los músicos tocaban alegremente mientras las animas y muertos bailaban riendo. La luna era la única espectadora de tal noche que era solo de al muerte y su cola de invitados del inframundo, el cementerio era una pista eterna de baile al ritmo del Twist.

El decapitado reía de borracho en su caballo mientras corría por las calles gritando sandeces, los demonios se subían del infierno hasta a la tierra para festejar. La carroza fúnebre corría sola transportando al diablo. El ultimo brindis dijo al muerte media borracha de champaña francesa por al noche de 31 que se iba y seguía la del próximo año, los difuntos se iban a sus tumbas despidiéndose de un apretón de manos hasta el próximo año; la muerte se largaba borracha a trabajar con al caña. Solo las copas quedaron, el sol de las llevo haciendo el aseo par que nadie se diera cuenta que una noche de jerga en las calles mortales.


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