Prologo de un poeta que ya murió sin ver la muerte

Mi poesía es un grito en la oído del hereje que es ciego, el anuncio de la muerte que vive para irse conmigo a un baile de versos y estrofas que nacen de mi mano que me lleva de vuelta a al vida para perturbar con lo que sale de mi boca, de mis poros, de mi lengua anticuaria difuminada por el tiempo, por mis dedos grises de mis manso mas grises todavía

martes, 2 de febrero de 2010

Falso miedo


Ayer me subí a una oruga y no podía seguir parado, me dolían los pies. Había un asiento disponible, tenía hambre; en pocas palabras todo. Había un hombre de mal aspecto al lado de ese asiento quedando solo el espacio que era para mí cansado cuerpo. La micro freno y nadie aprovecho el asiento tampoco por el hombre de mal aspecto, me senté ignorando la discriminación de la gente presente. Apenas lo hice aquel hombre compro a través de la ventana dos helados y me dio uno sin que me diera cuenta, rompiendo el hielo conversamos hasta que él bajo en su humilde campamento

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